05h00pm fue cuando recibí una llamada telefónica que cambió mi vida. Recuerdo como si fuera hoy, ha sido un viernes de diciembre de 1995.

Recibir una llamada en el día de su graduación con la noticia de que tu es empleado, ¡no tienen precio!

Es una emoción para la cual no tengo palabras.

Después de años de estudio durante noches leyendo libros, en trabajos de freelance, mecanografiando textos a otros estudiantes, tenido finalmente me hizo psicólogo.

Me contrataron para trabajar en un hospital, un buen sitio para entender el significado de “estar en el mundo.”

La vida diaria de un hospital es un ambiente propicio para vivir sensaciones fuertes y aprender los significados de vivir-morir.

La enfermedad tiene un inmenso poder para mostrarnos la necesidad de cambiar el concepto de nuestra vida.

En el entorno hospitalario la esperanza está en todas partes. La esperanza de quienes sufren con la enfermedad y también a quienes cuidan. Todos están influenciados por el fenómeno de la “vida-muerte”.

El hospital no ha perdido su estatus, incluso con la expansión de la red de atención de salud, aún conserva su dominio geográfico como el titular del poder de curación.

Al estar tan cerca del dolor, de la enfermedad y de la muerte, cambia el significado que le damos a la vida.

Las escenas cotidianas que vemos en los hospitales influyen en la conciencia del tiempo, y, en muchos casos, estimula a los pacientes, los miembros de la familia, y los trabajadores del hospital a impulsos que estaban dormidos.

Todos tenemos la necesidad de garantizar nuestra supervivencia en el espacio y en el tempo, y tenemos que hacerlo aprendiendo a morir y vivir con la muerte.

Pero en el momento de la muerte llama a nuestra puerta, el acuerdo con la vida se desmorona.

Por más que tratemos de hacer del hospital un lugar más humano, no podemos cambiar nuestra condición antes de la fragilidad de la vida.

Y el hospital, en su silencio empresarial, sigue su ritual vacío. Hablar sobre la muerte es siempre un tema tabú.

La muerte que se habla en el hospital es solamente el fin en forma de existencia biológica. Pero la muerte que camina por los pasillos del hospital es la experiencia de la desaparición, ol final de una unidad bio-psico-social que deja de llenar los espacios en la vida de sus amigos, familia y trabajo.

Recuerdo la teoría de Heidegger, la vida es sólo un espacio geográfico que ocupamos,  pero la actividad humana es dar sentido a su ocupación en este espacio.

Cada uno de nosotros da sentido al mundo en que vivimos, he aprendido a llamarlo “modelo del mundo” y cada uno crea su.

Cada uno crea su mundo con la forma en que ha aprendido a tratar con el tiempo y la forma de ocupar los espacios, y esta singularidad se coloca la prueba cuando estamos cerca a los fenómenos de muerte ¿Quién no ha sufrido por la muerte de alguien, o cuando vio la muerte de cerca?

La posibilidad de la muerte hace nuestra vida angustiante, sin embargo, la angustia sirve para adaptarse a vivir en espera. Cuando la espera alcanza su máximo, llamamos síndrome de pánico. Freud mucho nos habló de la angustia y la crisis.

Lo que nos mueve y hace nuestra vida significativa es la presencia de los deseos, las opciones, los conflictos y, sobre todo, la confrontación con la muerte.

Cuando hablo con personas que dicen tener una buena disposición para trabajar en hospitales siempre advierto: “Hospital requiere mucho de nuestra condición humana, principalmente la tolerancia.”

Después de años de trabajo en hospitales he notado que muchos empleados demuestran una falta de motivación, la fatiga crónica, apatía e incluso lento en sus acciones, creo que esto está vinculado no sólo a proximidad de la muerte, pero la condición del trabajo en hospital, lo que requiere de nosotros, los trabajadores, mucha objetividad en nuestras acciones. La objetividad en exceso puede transformarnos en persona fría y distante.

El hospital es un ambiente preparado para no ser vivido: “¡aquí no vive, se convierte en paciente!”.

La condición “paciente” en un hospital no es una condición exclusiva del enfermo.

En el hospital, se debe tener cuidado con el estado de salud de sus pacientes, sino también, tener mucho cuidado con la salud de los trabajadores del hospital, porque todos están implicados en las diferentes formas de la enfermedad, algunos tratados y otros tratando mismo enfermado.

Hemos aprendido con Rogers que la salud es la posibilidad de realizar elecciones auténticas, nuestro discurso debe ser similar a nuestras acciones, El papel humanizado del hospital pasa a través del rescate de la identidad humana para hablar y ser escuchado.

Por Júlio Bernabé

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